GESTIÓN EMOCIONAL vol.1

Adivina qué tienen en común las siguientes personas:

  • La que todas las mañanas se propone adelantar mil tareas pendientes y todas las noches se desvela por la culpa de haber procrastinado como un demonio.
    .
  • La que se esfuerza por ser ecuánime y superchill pero acaba petando en el peor momento.
    .
  • La que no sabe elegir ni qué quiere ver en Netflix.
    .
  • La que, no sabe cómo, lleva media hora pegándose un atracón que ríete tú de la nochebuena en el pueblo.

Por el título del post ya te harás una idea: a todas ellas las emociones se les hacen bola.La mala gestión emocional complica mucho la vida porque, como organismos biológicos, estamos diseñados para experimentar reacciones emocionales constantemente. El objetivo de este post es convencerte de que lo que convierte la vida en un infierno no son las emociones, es no saber qué hacer con ellas. Pero empecemos por el principio…

Qué c*j***s son las emociones

Una emoción es un estado transitorio que genera cambios a diferentes niveles: corporal, mental y motor (lo que hacemos y cómo lo hacemos). Estas reacciones nos preparan física y mentalmente para afrontar situaciones relevantes de nuestra vida. Es decir, son un mecanismo de adaptación y supervivencia. No es casualidad que las emociones estén presentes a lo largo de toda la vida y en todos los organismos superiores.

Imagínate que mientras lees esto, el edificio donde estás empieza a derrumbarse. Para que no te mate un cacho de techo tendrías que huir pitando. Pero de un edificio en pleno derrumbe no se huye tranquilamente, haciendo pompas con el chicle y dando vueltas al bolso. Para huir bien y garantizar tu supervivencia hay que hacerlo a lo loco: con 8000 taquicardias, echando el bofe, corriendo en plan tonto-el-último, con visión de túnel y pensando que te vas a morir. Con todas esas reacciones a las que llamamos pánico. La taquicardia es parte del pánico. Pensar que te vas a morir es parte del pánico. Moverte sin parar es parte del pánico. Todas esas respuestas son parte de una emoción que solo tiene una misión: garantizar tu supervivencia. Es como Terminator, pero al revés.

ES IMPOSIBLE NO SENTIR EMOCIONES. CUANTO MEJOR LAS ENTIENDAS, MENOS TE PELEARÁS CONTIGO MISMX

Por lo que cuesta tanto entender la función adaptativa de las emociones es porque todo lo que tiene que ver con este tema nos lo explican al revés. Por eso, vamos a dedicar unos minutos a aclarar LO QUE NO SON LAS EMOCIONES:

  • NO son enfermedades. Son reacciones naturales que no generan ningún daño sobre nuestras estructuras biológicas. El cuerpo está perfectamente preparado para generar y soportar emociones. Pueden convertirse en un problema chungo si no sabemos manejarlas, pero siguen sin ser enfermedades.
    .
  • NO son racionales, ni tienen por qué serlo. La entiendas o no, la identifiques o no, estés de acuerdo con ella o no, cada emoción tiene una función y una razón de ser en tu historia. Nuestra adaptación al entorno no se rige por criterios de racionalidad, afortunadamente. Porque si dependiera de nosotros activar las taquicardias para huir del derrumbe, estaríamos todxs muertxs. Además, bien gestionadas tienen un ajuste perfecto con nuestra parte más racional.
    .
  • NO son voluntarias. Las emociones se dan por procesos asociativos y su respuesta es automática. No elegimos qué situaciones son relevantes para nosotros y qué nos emociona, así que basta ya de todo el bullshit de la actitud positiva. Lo que podemos hacer con las emociones es entenderlas y utilizarlas como guía para gestionar bien las situaciones relevantes de nuestra vida. No seleccionarlas como si fueran el programa de la lavadora.

Por qué se hacen bola

Si las personas fuéramos frigoríficos, las emociones serían el pitido que nos taladra el tímpano cuando dejamos la puerta abierta. Que sigue pipí-pipí-pipí-pipí como un martillo pilón hasta que cerramos. El problema no es el pitido, que funciona de lujo, sino el hecho de que la puerta está abierta y que corremos el riesgo de que la comida se pudra. Eso sí que es un problema y, gracias al insoportable ruidito, lo podemos solucionar. Pero si en lugar de utilizar esa señal para funcionar mejor nos cabreamos con ese estímulo lo único que conseguiremos es salir locos, que la comida se pudra y que el ruido siga pipí-pipí-pipí-pipí hasta que nos muramos.

Antes de que me lo digas: por muy adaptativo que sea, estar mal es una mierda. Lo sé. Lo que digo es que no es culpa de las emociones, sino de las situaciones que generan esa emoción. Si estás mal es por algo y, por tanto, tendrás que resolver ese algo para continuar alegremente (o como se pueda) con tu vida. No cabrearte con la reacción.

Las emociones se hacen bola cuando pretendemos eliminarlas, ignorarlas o inhibirlas en lugar de utilizarlas para lo que sirven: guiarnos y orientarnos sobre lo que necesitamos en las situaciones chungas de la vida.

Por ser más gráfico: ¿te sabes ese refrán de que cuando un dedo apunta al cielo solo un tonto mira al dedo? Pues aplicado a lo que estamos hablando sería algo así:

Ante una reacción emocional, podemos enfocarnos en dos direcciones: hacia la solución de la situación que la provoca, o hacia eliminar la emoción. Cuando optamos por lo segundo lo que ocurre es:

  • Que la situación que la provoca sigue exactamente igual de patas arriba.
  • Que no haces más que pelarte contigo mismx.
  • Que, paradójicamente, se incrementa la respuesta emocional que se pretende eliminar.

Si el esfuerzo que malgastamos en abroncarnos, imponernos tranquilidad y en argumentaciones absurdas lo utilizáramos para describir y entender nuestras emociones pondríamos en jaque a todo el business de los psicofármacos. Las emociones no son reacciones azarosas e incomprensibles, no son instintos animales, no son enfermedades y, desde luego, no son lo contrario a la razón. Las emociones son reacciones que desarrollamos para adaptarnos mejor a lo que nos importa. Son el resultado de todo lo que hemos vivido, de nuestro aprendizaje vital y de cómo nos hemos adaptado a lo que la vida nos ha puesto por delante. No es exagerado decir que somos lo que sentimos y que la forma que tenemos de tratar a nuestras emociones es la forma que tenemos de tratarnos a nosotrxs mismxs. Por eso es importante no pasar por encima de ellas como un bulldozer.

EL OPTIMISMO FORZADO IMPLICA INHIBIR Y RECHAZAR MUCHAS REACCIONES EMOCIONALES QUE SON PERFECTAMENTE NORMALES

Entender nuestras emociones es entender nuestra historia, nuestro aprendizaje y, en definitiva, a nosotrxs mismxs. Así que, como una forma entendernos mejor, vamos a entender su fucionamiento:

Funcionamiento emocional básico

Lo que genera mucha confusión es que las emociones no son iguales para todos: no nos emociona lo mismo, ni de la misma manera. Por eso muchas veces no se entienden algunas reacciones y se piensa que son caóticas. Pero no es verdad: los principios para entender la aparición y mantenimiento de esas emociones sí son universales.

Hay dos tipos de emociones: las automáticas (que se llaman incondicionadas) que son reacciones que todos sentimos de forma muy parecida y que vienen determinadas por procesos evolutivos propios de cada especie. Por ejemplo: el miedo ante un depredador, el asco ante determinados olores… Estas reacciones son universales y no son el resultado de un aprendizaje, sino de un automatismo reflejo.

Las emociones condicionadas son el fruto de un aprendizaje por asociación entre unas situaciones y otras. Por ejemplo: que me guste el color rosa, que con reggaeton me apetezca bailar o que volar en avión me de miedo. No son emociones universales, por lo que para entenderlas debemos entender la historia del aprendizaje de la persona.

Dentro del planteamiento racionalista típico (el de perlas como “no puedes estar agobiadx porque lo has elegido tú”) solo se nos permiten las emociones más obvias, las incondicionadas. Las que son comunes a toda la especie humana, las que se entienden desde fuera.

  • ¿Te da miedo un atraco? ok, emoción concedida.
    .
  • ¿Triste por la muerte de un familiar? Bueno, ok, emoción concedida, pero si era muy mayor no tanto, que eso eso es Ley de vida.
    .
  • ¿De los nervios por hablar con tu jefx? Emoción denegada, madura ya joder.

Pero la frontera entre emociones automáticas y aprendidas no es tan clara. Los siguientes mecanismos de aprendizaje son los que se encargan de desdibujar esa frontera:

  • La mayoría de los estímulos del mundo son neutros porque no nos generan una reacción automática y universal.
    .
  • Los estímulos neutros dejan de serlo en cuanto se asocian con otros estímulos que sí generan una reacción emocional.
    .
  • Por tanto, el elemento más importante para entender las reacciones emocionales es la ASOCIACIÓN. Con qué se está asociando una situación o estímulo para generar una determinada reacción. Esa es la pregunta clave.
    .
  • La forma en que estímulos y reacciones se asocian entre sí solo se entiende en la historia personal. Eso genera mucha confusión porque no hay un patrón o una explicación universal. Hay que ir persona por persona, historia por historia.

Ejemplo: un hospital es, en principio, un estímulo neutro. Un edificio más entre otros muchos, objetivamente no muy diferente a un hotel, a una facultad o una biblioteca. Pero todxs tenemos una historia de aprendizaje con respecto a este edificio que provoca una reacción emocional (de intensidad variable, claro) cuando pensamos en este sitio y en todo lo que allí ocurre. Puede que, en mi historia, el hospital está asociado a enfermedad, dolor y muerte porque es lo que he vivido allí. O puede que el hospital haya sido el escenario en el que he visto nacer a <3 mi sobrina <3, o que estudie medicina y sea allí donde proyecto todas mis ilusiones y ambiciones profesionales. El edificio es el mismo para todos, pero los eventos que asociamos con él no. Por eso sentimos cosas diferentes ante la misma situación.

La variable que mejor explica la aparición de una emoción ante un evento es con qué ha sido asociado en la historia de una persona. En cómo se han dado esos procesos asociativos tiene mucha más influencia la familia en la que creces, tu barrio, tus condiciones socioeconómicas, tus amiguitxs del cole y, en definitiva, el azar, que la lógica y la voluntad. No eres tú quién decide con qué asocias cada estímulo, es la vida.

Ahora que hemos aclarado que:

  • No podemos decidir lo que nos emociona y lo que no.
  • No siempre nos emociona lo (supuestamente) razonable
  • Nuestras reacciones están muy determinadas por el azar

seguro que estás a punto de saltar a la conclusión que no podemos hacer nada por gestionarnos. Que estamos condenadxs al arrebato constante.

Pero eso es porque hemos dejado lo mejor para el final: la diferencia entre el origen de una emoción y su mantenimiento. O, lo que es lo mismo: que lo que sí depende de ti es el manejo de esa situación y de las emociones que te provoca. Ahí es donde entender tus reacciones, en lugar de juzgarlas o pretender que no existan, va a marcar la diferencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *