“¿POR QUÉ SIEMPRE ME ENAMORO DE QUIEN PASA DE MÍ?” Una explicación punto por punto

1. “QUIERO QUE ME ELIJA A MÍ PORQUE PODRÍA TENER A CUALQUIERA”

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Paramount Pictures

Formulado así, este planteamiento te lleva a una conclusión muy gratificante: “si lo consigo es que tengo algo que los demás no tienen”. Este silogismo tan básico puede funcionar en una clase de lógica, pero excluye tantas variables relevantes en las relaciones humanas, que pierde todo el sentido a efectos prácticos. Vamos a ver en los siguientes puntos por qué. De momento, solo destacamos que este planteamiento implica que otra persona, cuyo comportamiento no está bajo tu control, corrobore tu atractivo. Como si tú no lo supieras. O como si necesitaras una confirmación constante para saberlo. Así, con solo tocar la tecla del orgullo herido,  te vuelves fácilmente manipulable.

 

2. “QUIERO A ALGUIEN QUE NO ME NECESITE”

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Lionsgate Television

La idea completa sería algo así: “alguien que no necesita a otra persona para ser feliz debe tener una vida interesantísima, por lo tanto es alguien muy deseable”. Piensa en lo que puede llegar a significar si te pasas: “si me demuestra interés es que algo falla en su vida”. Es la boca del lobo: “si le gusto, está rechazado”. Es obvio que alguien excesivamente complaciente o inseguro puede resultar poco atractivo, o incluso irritante. Pero esto es una cuestión de grados. No hay mayor muestra de inseguridad que impostar un falso desinterés para hacerse más deseable y evitar el rechazo. Lo que de verdad requiere valor es no andarse con rollos, decir claramente lo que se quiere y exponerte a que te puedan rechazar.

 

3. MANEJAR LOS TIEMPOS PARA QUE NO SE NOTE EL INTERÉS

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Dimension Films

Hacerse el interesante dejando entrever que en realidad no tienes tanto interés es el primer paso para pretender el control sobre el comportamiento de la otra persona. Implica que te has marcado un objetivo oculto que, además, condiciona la naturalidad con la que afrontas la relación. En definitiva, es como comienza una estrategia. Estas conductas, por muy sutiles que parezcan, son un clásico y todo el mundo cuenta con ellas. Por eso, en cuanto la otra persona empiece a notar algo raro, reaccionará en consecuencia. Entonces vuestra relación empezará, poco a poco, a regirse por el control y el contra-control. Habréis inaugurado el viejo juego del cazador cazado.

 

4. DEMOSTRAR(ME) QUE PUEDO CONSEGUIR A CUALQUIERA

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Universal Pictures

En esta dinámica hay dos papeles tan enfrentados como complementarios: (1) “Tú a mí no me rechazas” y (2) “No vas a hacer conmigo lo que te dé la gana”. En cuanto se entra en este juego, es imposible no tomárselo como algo personal: “¿cómo es posible que no se dé cuenta de mi atractivo?”. De ahí se pasa a la demostración con todo tipo de estrategias bizarras: amenazar con dejarlo y arrepentirse acto seguido, dar celos o provocar calentones para enganchar a través del sexo. Sea como sea, lo que te une a la otra persona no son tanto los afectos o un horizonte común, sino el demostrar, a los demás y a uno mismo, que no estás perdiendo en el juego de la seducción, que no eres un/a loser.

 

5. ADAPTARTE A LO QUE (CREES QUE) QUIERE EL OTRO

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20th Century Fox

Cuando se agota la vía del orgullo, por derrota o desgaste, se suele optar por la de de la complacencia: “voy a ser como quiere que sea y así me sigo asegurando la plaza”. Esto es lo que, con el tiempo, se ve como una renuncia a ser uno mismo. A todo el mundo le cansa tratar con estereotipos, con personas que actúan basándose en lo que creen que quiere el otro. Llegados a este punto, notarás que cuantos más esfuerzos haces por complacer, tus defectos se sacarán a relucir con mayor naturalidad. Atribuir este fenómeno a la mezquindad del otro puede ser simplista. Es probable que, en este juego de dos, el otro piense que su atractivo se mantiene, al menos en parte, a base de desprecios.

 

6. “¿LA CONCLUSIÓN ES QUE SOY IDIOTA?”

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Paramount Pictures

Si lo que importa es la explicación psicológica de estas relaciones, podemos decir que no. O, por lo menos, que la respuesta no es tan sencilla. Es imprescindible tener en cuenta que estos procesos son la interacción entre dos personas y que, por tanto, el comportamiento de uno afecta de forma directa al del otro. El orgullo herido o el narcisismo (según toque) dificultan que esto se vea tan claro. Si hay algo que no soportan las dinámicas de admiración-rechazo es la claridad: mostrar tus cartas con honestidad  y ser consecuente con las decisiones que vayáis tomando. Si a la otra persona solo le interesa reafirmarse sintiéndose un castigador a tu costa quedará clarísimo. Si, por el contrario, estáis los dos igual de metidos en estos barrizales ambiguos, la claridad es vuestra única vía de escape.

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por José Manuel Campo

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