Laboratorio psicodosis: EL AMOR ES COSA DE VALIENTES

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1. ¿QUÉ HICIERON?

En 1974, Donald Aton y Arthur Duron eligieron a 85 hombres en edad de merecer y se los llevaron a un enclave idílico: el puente sobre el río Capilano de Vancouver. Cuando llegaron les dijeron que estaban participando en un experimento sobre percepción, pero en realidad no estaban allí para eso. Lo que querían demostrar era que podían manipularles fácilmente para que se enamoraran de una mujer elegida por ellos.

La tarea consistía en lo siguiente: debían situarse en mitad del puente y, tras entrevistarse con una cómplice femenina de los experimentadores, escribir libremente sobre lo que estaban viendo. Les separaron en dos grupos con una única diferencia:

Grupo 1. El puente sobre el que estaban generaba miedo: era muy largo, se balanceaba y estaba a una altura imponente.

Grupo 2. Su puente era mucho más seguro: era cortito, lo que impedía que se balanceara y el agua no estaba a mucha distancia.

La entrevistadora les daba a todos ellos su número de teléfono (el profesional y en nombre de la Ciencia, no seáis malpensados) por si tenían cualquier duda sobre los resultados del trabajo.

 

2. ¿QUÉ RESULTADOS OBTUVIERON?

Dutton y Aron se encontraron justo con lo que habían predicho: los muchachos del puente peligroso se interesaron muchísimo más por la chica que supuestamente pasaba por allí que sus compañeros menos intrépidos. De hecho, entre el aguerrido primer grupo un 50% de los sujetos reunieron valor para llamar a la chica y preguntarle, como quien no quiere la cosa, por los resultados de su investigación. La cifra descendió hasta un tímido 15% entre el sereno grupo 2. Esto es lo que se llama una diferencia estadísticamente significativa.

Además, cuando nuestros modernos celestinos echaron mano de las redacciones de sus conejillos de indias repararon en que las referencias sexuales de los escritos eran mucho más frecuentes entre el primer grupo. Vamos, que igual nuestros chicos no estaban pensando aún en la boda… pero por algún sitio se empieza.

 

3. ¿CÓMO SE EXPLICA ESTO?

Según los autores (que son una referencia frecuente desde entonces) lo que les pasaba a los sujetos del grupo 1 es que confundían su activación propiciada por la sensación de peligro con enamoramiento hacia la chica. O como ellos decían: que realizaban una atribución errónea de su estado emocional dirigiéndola hacia otro estímulo que les parecía plausible. Los sujetos del grupo 2, por su parte, no tenían ninguna activación que confundir así que la chica pasó sin pena ni gloria por sus inocentes retinas.

Aunque esta explicación no va mal encaminada, se explica mejor por un concepto más riguroso y mejor desarrollado en psicología: el estímulo condicionado. Sí, el mismo que provocaba que los perros de Pavlov se pusieran a babear como locos cuando aparecía su dueño por allí, lo que indicaba que iban a recibir comida.

Vale que estos chicos fueran enamoradizos, pero eso no significa que sean tontos y se olviden de que están en una situación de peligro. Más que equivocados parece plausible que la activación que experimentaron se asoció con la chica (otro estímulo que puede ser excitante para ellos) por mero emparejamiento.

 

4. ¿POR QUÉ ES ROMPEDOR ESTE EXPERIMENTO?

Uno: porque nos enseña que, hasta en el aspecto más sublime de nuestro comportamiento, somos bastante animalescos. Ya pueden revolverse los grandes románticos como Lorca, Bécquer y la mismísima Danielle Steel, pero esto es incuestionable.

Dos: porque nos da una idea muy buena para nuestros rituales de cortejo, ¡y eso es impagable! Si quieres hacerte desear lleva a la persona que te guste a un sitio emocionante y deja que la activación haga el resto; conviértete en su estímulo condicionado. Pero ¡ten cuidado! no te pases de emoción o acabarás siendo asociado con un momento de pánico, y eso no te conviene. Recuerda que del amor al odio sólo hay un paso.

Tres: porque nos reconcilia con todas las novias de los superhéroes de  cómic que nos parecían tan pánfilas. Lois Lane (superman), Rachel Dawes (batman) o Mary Jane (spiderman) nos parecen menos mojigatas si tenemos en cuenta que no son más que víctimas inocentes de su propia activación fisiológica, asociada a los hombres que las rescatan de las situaciones más peliagudas.

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Dutton, D., & Aron, A. (1974). Some evidence for heightened sexual attraction under conditions of high anxiety. Journal of Personality and Social Psychology, 30(4), 510-517.
 
por José Manuel Campo

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