Laboratorio Psicodosis: LOS PELIGROS DE LA OBEDIENCIA

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1. ¿QUÉ HICIERON?

¿Cuánto dolor es capaz de infringir una persona a otra por estar cumpliendo órdenes? Esta pregunta atormentaba a Stanley Milgram después del juicio a Adolf Eichmann en 1961, por crímenes contra la Humanidad tras su participación en el régimen nazi. Para despejar esta incógnita inventó un diseño experimental que, a pesar de su dureza, ha pasado a la historia de la psicología por todo lo que nos enseña sobre nuestros propios límites.

Prestad atención, que el invento no tiene desperdicio (y, si os perdéis, podéis encontrar un vídeo resumen al final del experimento*):

1) Tenemos tres protagonistas: el EXPERIMENTADOR (que da las órdenes), el SUJETO EXPERIMENTAL y el ALUMNO (aparentemente un sufrido conejillo de indias, pero que en realidad es cómplice del experimentador).

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2) El experimentador ata al alumno (cómplice) a una silla y le coloca unos electrodos. La tarea consiste en que el alumno (cómplice) responda a preguntas falseadas por el experimentador. Si falla, el experimentador pide al sujeto experimental que aplique una descarga, que será cada vez mayor con cada respuesta errónea. En realidad no existía tal descarga, pero el sujeto experimental no lo sabía. La intensidad de las descargas falsas oscilaba entre los 30 y los 450 voltios (intensidad más que de sobra para matar a alguien)

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3) El alumno (cómplice), que era un actor excelente y estaba aliado con el experimentador, fingía que sufría mucho dolor cuando las supuestas descargas aumentaban en intensidad. Primero se quejaba y pedía que parara. A partir de los 270 voltios sus gritos simulaban auténtica agonía. Y, a partir de los 330 voltios se quedaba callado y fingía estertores. Se suponía que al ver tanta agonía el sujeto experimental dejaría de darle calambrazos.

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4) Si el sujeto experimental se mostraba dudoso al aplicar las descargas, el experimentador le daba las siguientes instrucciones: (1) “Por favor, prosiga”, (2) “El experimento requiere que usted prosiga”, (3) “Es absolutamente esencial que prosiga” y, por último, (4) “No tiene opción, debe proseguir”. No había ningún otro tipo de coerción. Solo su voz autoritaria repitiendo estas frases.

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5) El sádico teatrillo acababa si, después de llegar a la cuarta instrucción, el sujeto experimental se negaba a aplicar la descarga… o si aplicaba la descarga máxima de 450 voltios tres veces seguidas.

El conflicto está servido. El maestro se encuentra ante dos peticiones opuestas: la del agonizante alumno que le pide que pare y la del autoritario experimentador que le insta a que continúe aplicando descargas. ¿Qué harán nuestros sujetos experimentales? ¿Qué crees que harías tú?

 

2. ¿QUÉ RESULTADOS OBTUVIERON?

Contra todo pronóstico, los inocentes alumnos de Yale cumplieron con sus papeles de verdugos casi a la perfección. De hecho, el 65% de los participantes llegaron a aplicar la descarga máxima tres veces seguidas y ninguno de ellos se negó a seguir antes de llegar a los 300 voltios.

Antes de que atribuyas estos resultados a la descorazonada sociedad estadounidense, has de saber dos cosas:

1. Que todos los incautos sujetos experimentales que aplicaban las descargas daban muchas muestras de estar pasándolo fatal mientras lo hacían.

2. Que este experimento se ha replicado hasta la saciedad en diferentes condiciones y los resultados se han mantenido en estas mismas cifras.

 

3. ¿CÓMO SE EXPLICA?

En palabras del propio Milgram “la extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio”.

Pero, más que una explicación, sus palabras son un resumen de lo ocurrido. Si queremos saber por qué se dan estos resultados tenemos que tener en cuenta que, ante una situación desconocida y guiada por una autoridad, las personas tendemos a dejarnos llevar por “el que sabe”. Aunque el que sepa nos lleve por un camino dudoso.

Cuanto más extraña sea la situación, más dependeremos de elementos externos para manejarnos.

 

4. ¿POR QUÉ ES ROMPEDOR ESTE EXPERIMENTO?

1. Porque es una cura de humildad para todos. Antes de llevarlo a cabo, Milgram pidió a un grupo de colegas doctores que predijeran los resultados que obtendría. Ninguno de ellos creyó que las descargas pasarían de los 300 voltios. Es más, si te preguntaran qué harías tú si fueras uno de los sujetos experimentales, lo más seguro es que afirmaras con rotundidad que detener el experimento y, probablemente, dar una paliza al experimentador por sádico. Pero ahí están los datos para hacerte dudar.

2. Porque nos enseña hasta dónde podemos llegar por no cuestionar a una autoridad que nos da órdenes que no entendemos, ni queremos cumplir. El primer paso para ser más libres de lo que somos es saber qué es lo que controla nuestro comportamiento. Y a la vista está que el desconocimiento, unido a una voz autoritaria, ejerce un control sobre nosotros que puede ser desastroso.

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* En este vídeo podéis ver a un equipo de investigadores replicando el experimento original. Los resultados y las reacciones de los participantes son sobrecogedoras.

por José Manuel Campo

2 Respuestas a “Laboratorio Psicodosis: LOS PELIGROS DE LA OBEDIENCIA”

  1. Este experimento demuestra, una vez más, lo poco que nos conocemos a nosotros mismos, y que nuestras debilidades son más comunes en la población de lo que creemos.

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